viernes, 1 de febrero de 2013

DECÍAMOS AYER...



Pasa el tiempo y aquí estamos, sentados el uno frente al otro como si nada hubiese sucedido, como si de ayer mismo nuestro último encuentro, hubiese acontecido.

Apenas si llamaste a mi vida y te dejé entrar, no por una ventana, más bien por la puerta y además abierta de par en par, me gusta que sea así y quiero que estés en ella...cómo, dónde y cuando, ni lo sé ni me importa; tan sólo quiero que estés, ahí conmigo; sin importar nada más.

Y todo ocurrió como si nada hubiese cambiado, como si no hubiese transcurrido el tiempo, como si...decíamos ayer...y el ayer, ese nuestro ayer, se volvió hoy.
En el fondo de mi mente, rondando por mi cabeza se llenan de nubarrones, de sombras, que las envuelven y las derivan a “certezas inciertas” que no se corresponden, en absoluto, a los latidos incandescentes de mi corazón que advierte y percibe señales que crecen a través de instantes, de momentos infinitos, de sentidos y sentimientos todos y cada uno de ellos aún, por acontecer y por vivir.

Otra vez y en el instante preciso que te miré volvieron a mi las situaciones acontecidas antaño, un tanto lejanas en el tiempo y no el espacio.
Y sin darme apenas cuenta mi memoria atisbó ese olor a ti y otra vez tenía ese, tu olor en mi, otra vez me embriago de tus caricias, otra vez tengo tus besos sobre mí y otra vez tengo ese maravilloso...sabor a tí...
Mi piel se eriza con sólo verte, tu tacto me lleva al infinito; tus abrazos, esas sonrisas y esas miradas tan tuyas y tan intensas de un azul eterno y profundo que penetran en mi cuerpo, alma y mente me producen una sensación, extraña que me gusta, me encanta y me apasiona...casi tanto como tú...

Hablar con sólo una mirada, reír con retazos de nuestra vida, innumerables gestos cómplices, intensas horas de conversación interminable, derroches de aliento enmudecido, suspiros que entrecortan una respiración tranquila pero entrecortada, carcajadas por nimiedades estúpidas y el balanceo de una música insonora, que debate nuestros cuerpos al unísono al compás acontecido de la melodía de un nosotros envueltos en un re-despertar aún no dormido, que se deja envolver con dulzura tersa de unos besos no robados, de unos besos pasionales y furtivos repletos de un sentir con sentimiento único e infinito.

Y sucedió todo así tan de repente que ni degustarlo poco a poco pude, pero lo disfruté...al máximo.
Aún así, y tan sólo expectante, aún recuerdo el pasar de las horas y del tiempo que estuvimos juntos; quizás no unidos pero si fundidos, quizás no en uno sólo, quizás no en uno mismo pero...casi...

Qué sentí, qué noté, qué pensé...ni lo sé ni me importa, ni me interesa o si...sólo sé y quiero saber que te sentí, te noté y te pensaba mientras nuestros ojos se devoraban, nuestros labios se besaban y nuestros cuerpos gritaban impacientes por fundirse eterna y plácidamente sin intentos, tan sólo con deseo, quereres y anhelos.



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